domingo, 3 de mayo de 2015

Miedo-Amor ¿desde dónde eliges vivir?

A veces siento que necesito irme a mi cueva. Si, a ese lugar en el que no hay ruido, donde puedo escucharme un poquito mejor, sentirme sin interferencias, descan-ser. Y no es tanto una huída, más bien es una medida necesaria para volver a conectar conmigo y con la mirada creativa de la que os hablaba en un post anterior. Puede ser porque en este viaje hacia dentro, de repente te encuentras con una de esas sombras que te hacen darte cuenta de cosas que al principio producen dolor (como decía Federico Lupi en una película que me encanta "Lugares comunes": el dolor de la lucidez) y que cual ventolada te dejan un tiempo tambaleándote, o puede ser porque desvías la
mirada y la rabia, el resentiento, las expectativas, te hacen mirarte o mirar al otro desde un sitio que no quieres, o sencillamente porque hay miedos que se apoderan de ti...por todo esto y cuando soy consciente de que me está sucediendo, "me retiro a mi cueva"

Decía Sergio Fernandez en una entrevista que compartimo, en el programa de radio Vitaminas para el Alma, que en el mundo hay dos energía creativas, una es el amor (esa energía que te enfoca en lo positivo, en la abundacia, en la capacidad de vivir con creatividad, con una mirada apreciativa y enfocada a lo que une, a la compasión) y la otra es el miedo (una energía enfocada a la escasez, a lo que no es posible, al o tú o yo, a lo negativo, a la envidia) Y nosotros elegimos desde dónde vivir. 


"El amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma." Aldous Huxley

Lo que ocurre es que a veces, fruto de experiencias pasadas, de creencias que hemos ido incorporando en nuestra vida, de esos descubrimientos personales que de repente nos dejan tambaleando, de ese perseguidor que nos suele acompañar y que tiene como función juzgar(nos), criticar(nos)...llegan emociones, pensamientos que nos llevan a sentimientos de incomprensión, rabia, hacia nosotros o hacia otra persona.

A mí me sucede esto cuando en esa persona he puesto expectativas y como no se han cumplido ha surgido el resentimiento, o porque hay algo que me incomoda de ella o porque ha surgido un conflicto que no hemos sido capaces de resolver, o sencillamente porque por alguna razón sentimos que algo que no se puede explicar con palabras se ha roto. Puede ser que esto me ocurra con mi pareja, con amigos, a veces puede ocurrir con un hijo, con una madre o un hermano...o conmigo misma. Lo que yo sí que tengo claro es que ese sentimiento es mío, que es algo de lo que yo soy responsable y que es a mí a quién me corresponde parar, sentir y elegir. 

Es entonces cuando elijo retirarme a mi cueva. Cuando siento que estoy mirando desde el miedo a esa persona que es de verdad importante en mi vida. Esa energía me ciega y me bloquéa y sé que estoy viendo en esa persona su sombra (esa parte que yo también tengo) y no soy capaz de ver esa parte de luz, de amor que todo ser humano tenemos. Lo importante para mí es este momento. Donde nos hacemos conscientes de la mirada "despreciativa" con la que vemos al otro o a nosotros mismos.. Yo he aprendido a hacer esto porque me he dado cuenta de que a veces no somos conscientes del daño que pueden hacer nuestras palabras. De que si en un ataque de rabia, de incomprensión, dañamos el alma de quien de verdad nos importa, esas heridas ya no se cierran con facilidad y nos van alejando (de nuestro hijo, de una amiga, de tu hermano...de nosotros)

En mi retiro trato de aceptar sin juzgar lo que siento, de serenarlo y me doy tiempo para volver a esa mirada creativa, a crear y vivir desde el amor. Convertirme en observadora de lo que está sucendiendo, de mis emociones, de mis pensamientos. En la calma de esa cueva, dejo de escuchar tanto ruido y entonces la perspectiva empieza a cambiar. Reconozco los miedos, los motivos que estrechaban la mirada y puedo elegir y decidir si continúo donde estoy (porque aún no estoy preparada para mirar de otro modo) o ampliar perspectiva para ver no sólo esa parte que me tiene enganchada de mi, de tí, sino verte a tí, a mí. Ver, reconocer, honrar quien soy, quien eres. Y esto, me vuelva a acercar a tí, a mí. Volver a ver tu luz, que desaparezca el resentimiento y aparezca la compasión. 

La compasión supone todo un proceso que requiere ese espacio de silencio, de retiro. Porque necesita de la comprensión, de la aceptación y del perdón. Y sólo depende de tí. Tú eliges si quieres hacer este proceso o no. 

Y trato de hacerlo siendo transparente con esa persona: ahora estoy viendo cosas de tí que no me gustan, no consigo ver tu luz y es algo que tengo que hacer yo porque me importas, porque te quiero. Te pido un tiempo para volver a verte con esa mirada creativa, para seguir creando una relación con la energía del amor. Que la otra personas sepa o quiera respetar ese tiempo ya no depende de tí, aquí hay que arriesgar y ser conscientes de que igual, cuando tú decidas volver, la otra persona ya no esté o no quiera estar. Y esto, es parte de la vida, del crecer, del aprender. 

Y no quiere esto decir tampoco, que volver a mirar con amor, suponga seguir en el punto del principio. Es muy probable que a partir de ahora la relación con esa persona sea diferente. Quizás haya madurado, se refuerce, aún más porque además ha habido transparencia, autenticidad, respeto...o puede ocurrir que evolucione hacia otro lugar, que cada uno siga su camino, se cierre una etapa. Con una diferencia para mí esencial en cualquier caso: que en ambos casos se hace desde la fuerza creadora del AMOR. Y para mí, con las personas a las que quiero,  no es tan importante el qué, sino el desde dónde. 

Continuar a su lado creciendo, evolucionar hacia otro lado juntos o decirnos adios, con amor, respeto y transparecia es mi elección y mi responsabilidad. No es sencillo, require de atención, humildad, paciencia, porque requiere de práctica, de consciencia...Y yo quiero vivir desde ahí. ¿y tú?



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