jueves, 15 de enero de 2015

Cuando el #Miedo te acompaña.

Al comenzar el año, somos muchas las personas que nos proponemos objetivos para este 2015. De cómo concretarlos, de pasar a la acción una vez claros, de los beneficios que alcanzamos al cumplirlos y también de aquellos obstáculos (“saboteadores” internos)  que nos impiden ir a por ellos hay excelentes artículos publicados, Sheyla Martín y yo hablamos de ello en este programa de Vitaminas para el Alma...y hoy quiero reflexionar contigo sobre uno de esos saboteadores, para mí, el más grande: el miedo.
 
El miedo, es una emoción necesaria, que tiene una parte biológica y que nos ayuda a defendernos de los peligros reales de la vida. Ese miedo se activa en nosotros cuando reconocemos una amenaza, algo que puede atentar contra nuestra vida, nuestra integridad. Como diría Arancha Merino, la palabra clave es AMENAZA. El miedo aparece cuando reconocemos una amenaza que puede ponernos en peligro. Y nosotros podremos ponernos escapar, atacar o defendernos.
Además el miedo también se aprende. Desde que nacemos, vivimos experiencias que nos producen temor y en función de cómo vemos que los demás reaccionan, especialmente nuestros padres, comenzamos a relacionarnos con esta emoción. Si hemos vivido una infancia llena de miedos, con exceso de protección, o dónde sentir el miedo ha sido un asunto ignorado, rechazado o prohibido, no tendremos una relación sana con él. Te suena eso de "los hombres no tienen miedo” “el miedo es de cobardes” “no tienes que sentir miedo”… Y es utilizado como una gran arma de manipulación masiva. Gobernantes que se valen del miedo para controlar a la población, medios de comunicación que apelan a historias de terror para capturar audiencia, padres que generan miedo a los hijos para mantenerlos bajo control… 
El miedo puede ser una emoción que bien gestionada puede ayudarnos a protegernos y darnos seguridad, el problema es que muchas veces, ni siquiera somos conscientes de que tenemos miedo.  Cuando algo nos bloquea, cuando no avanzamos, no nos atrevemos, cuando sentimos esa sensación de envidia por lo que el otro ha conseguido y yo no he sido capaz de lograr, cuando nos escondemos, aplazamos ir a por eso que deseamos, cuando nos asusta el silencio porque nos habla tan alto que nos grita verdades que nos dan tanto miedo…está rondando el miedo. Pon a trabajar esa herramienta que todos tenemos y que es tan potente, la observación y dá el primer paso: toma consciencia de ello. El mejor indicador que tienes para ello es tu cuerpo. A través de él, si le escuchas y reconoces sus avisos, irás tomando conciencia de lo que te sucede. La próxima vez que sientas miedo, observa cómo te avisa tu cuerpo, dónde sientes ese miedo, cómo lo sientes.
Sólo cuando somos conscientes de lo que nos da miedo, podemos empezar a gestionarlo. Siempre y cuando sea un miedo real. Y es que no siempre aquello que sentimos como una amenaza lo es realmente. Tenemos y sentimos muchos falsos miedos, que suelen venir de creencias falsas que nos paralizan, son limitaciones que nos ponemos nosotros mismos y que nos impiden avanzar e ir a por lo que realmente queremos.
 Y es que:
  1. El miedo nunca desaparecerá mientras sigas creciendo: Y crecer supone arriesgarse, experimentar, correr riesgos al ir a por mis sueños, asumir incertidumbre, cambiar, salir de mi zona de confort. Cada vez que haga algo de esto, aparecerá el miedo. Y ante esto, la mejor de las recetas: Fortalecer mi confianza. La confianza es el mejor y más potente antídoto contra el miedo. Nos mueve a explorar nuevos caminos, a asumir riesgos razonables, a aceptar los cambios y aprender de ellos, a relacionarnos de manera sana, desde el respeto y el amor, a confiar en mí, en que ya cuento con las herramientas necesarias para salir adelante.
  2. La única manera de liberarse del miedo a hacer algo, es haciéndolo. En muchas ocasiones aplazamos hacer algo con la excusa de que lo haremos “cuando estemos preparados, cuando tengo todo bajo control, cuando me sienta más segura, cuando esté más preparada…” y lo que realmente nos ayuda a conquistar ese miedo, es ponernos en acción. Lo que nos bloquea a actuar es el darlo vueltas y vueltas y esto es peligroso, porque cómo dicen Francisco Alcaide y Laura Chica en su libro Tu Futuro es hoy, nuestra mente está programada para la supervivencia y no para la felicidad. Cuando a la mente se la deja analizar en exceso, tiene una capacidad extraordinaria para detectar amenazas. Entonces aparecen los pensamientos como “nos soy lo bastante bueno” “no me lo merezco” “ no valgo, no soy capaz” (Esa papel de víctima que todos conocemos y que nos paraliza y nos hace echar balones fuera en cuanto a lo que nuestra responsabilidad se refiere). Estos pensamientos nos hacen sentir pequeños, nos paralizan y dañan nuestra confianza.
  3. La única manera de sentirme mejor es…hacerlo. Cada vez que conquistamos uno de esos miedos, que logramos alguno de los retos propuestos, nos sentimos mejor, más libres, más fuertes y mejores. Por eso, no trates de lograr mucho en poco tiempo, cuidado con las expectativas negativas. Te frustrará y abandonarás.Sé sensato y paciente con lo que te propones (que siempre esté ese componente de reto, que te motiva y también el realismo en lo que quieres conseguir).
  4. No sólo yo siento miedo cuando piso terreno desconocido, lo mismo les ocurre a todos los demás. Todos sentimos miedos. Aquellas personas que han alcanzado éxitos han tenido que enfrentarse a sus miedos. Se han atrevido y han vivido la incertidumbre, el miedo cometer errores, a fracasar, al qué dirán, a su propio éxito. Sólo tienes que leer sobre ellos, preguntarles. Esto te ayudará a ver cómo otras personas han gestionado sus miedos. Y es que cuando sentimos miedo, tendemos a esconderlo, a no contarlo. Nos avergüenza sentirnos vulnerables. Nos hemos creído que eso nos hace débiles, frágiles. Y no es así, cuando somos capaces de mostrar nuestra vulnerabilidad, nos hacemos más fuertes. Es bueno contar con personas en quien confiar, con quienes poder hablar y compartir con ellas nuestros miedos. Ellas te apoyarán, te transmitirán confianza. Y tú, al contarlo, verás como relativizas ese miedo, se hacen más pequeños. Todo es más grande en tu cabeza y cuantas más vueltas das a ese miedo, más le alimentas y crece. Crea Espacios protegidos con esas personas que te quieren y son de tu confianza, allí puedes ser tu, compartir tus miedos. Verás cómo se hacen más pequeños, quizás descubras otras formas de mirarlo que antes no veías, quizás ahora, todo sea un poquito más sencillo.
  5. Vencer el miedo asusta menos que vivir con el miedo que proviene de la sensación de impotencia. Y es que cuando decidimos hacer algo, atrevernos, el miedo se va disipando. Nos sentimos más seguros, confiados. Estamos actuando en nuestro círculo de influencia, estamos haciendo lo que está en nuestra mano para mejorar y vencer el miedo. Y no sólo eso, sino que ese círculo se hace más grande y nos empoderamos. Pero en muchas ocasiones nos quedamos en otro círculo, en el de preocupación. Y ahí sólo podemos sentir una cosa: Impotencia. Nos paralizamos y una pregunta no deja de rondar en nuestra cabeza: ¿Qué pasaría si…? (me quedara sin trabajo, enfermara, mi pareja falleciese…etc) Vemos el futuro desde el miedo, con impotencia, porque no sentimos que somos capaces de afrontar esa situación, porque ese miedo nos bloquea, paraliza. Por eso, ya lo hemos dicho, ante todo ACTÚA. Ponte en marcha, a tu ritmo, poco a poco.
No podemos eludir el miedo. Sólo convertirlo en compañero que nos acompaña en nuestras aventuras. Sentimos miedo cuando avanzamos en la vida. La clave está en aprender a gestionarlo.
Además de esos miedos, esos que nos creamos nosotros, limitaciones que nacen de creencias falsas, que nos impiden crecer, existen amenazas reales. Que pueden venir de otras personas, de sus acción, exigencias, expectativas. Que pueden llegar a herirnos, a ponernos en peligro, a atentar nuestra dignidad, nuestros valores. Entonces es necesario actuar y poner límites. Esos límites nos permitirán cuidar nuestro espacio, mantenerle a salvo de invasiones. Si no somos capaces de poner estos límites, terminaremos construyendo muros o invadiendo a la otra persona de igual forma que lo hace con nosotros. Y esto implica ser asertivo, aprender a decir NO, poner normas. En definitiva, respetarnos para que nos respeten. Visto así, ¿sigues pensando que el miedo es una emoción negativa? Si la gestionamos bien, puede ayudarnos a convivir de forma más respetuosa, a valorarnos, a crecer como persona, a confiar más en nosotros.
 
 
 Recomendaciones para leer más sobre el Miedo:

Haz que cada mañana salga el sol: Arancha Merino
Aunque tenga  miedo, hágalo igual: Susan Jeffers
No Miedo: Pilar Jericó
Tu Futuro es Hoy. Francisco Alcaide y Laura Chica
Anatomía del Miedo: Jose Antonio Marina
¿Qué harías si no tuvieras miedo? Borja Vilaseca

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